Pandemia, reformas postergadas, escasez de productos de primera necesidad, las nuevas tecnologías y el embargo estadounidense desembocaron en una protesta sin precedentes contra el Gobierno en casi tres décadas.

Cuba parece vivir una tormenta perfecta. La pandemia de coronavirus, con las graves consecuencias sanitarias, económicas y sociales que trajo consigo el coronavirus, terminó por moldear una situación explosiva que se alió a reclamos históricos motorizados por las nuevas generaciones.

El derrumbe del turismo dejó a la isla sin su principal fuente de ingresos. Pero no fue el único obstáculo: el estancamiento de las aperturas económicas, la escasez de medicinas y alimentos agravadas por la falta de divisas y el embargo estadounidense profundizado durante la gestión de Donald Trump, aumentaron el descontento popular.

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